lunes, 18 de enero de 2010

Se populariza en Mallorca el intercambio de viviendas entre particulares

María del Mar ofrece desde hace un año su casa de Campos, de 200 metros cuadrados rodeada de almendros y con dos habitaciones. Ella quiere visitar Estados Unidos y ha recibido numerosas propuestas. La han tentado desde Las Vegas pero todavía no se ha decidido. Jaume brinda su chalé de Ses Salines con fachada de piedra, muebles de estilo clásico y piscina, a sólo tres kilómetros de es Trenc. "Me supera el trabajo y todavía no he he tenido tiempo para hacer un intercambio", se excusa. Con esa vivienda, viajará adonde él quiera. No le faltan invitaciones de medio mundo.
Cuando rascas un poquito en internet comprendes que este tipo de canje ni es tan excepcional ni tan novedoso. Decenas de agencias exhiben fotos de inmuebles mallorquines. De momento, los hoteleros no se dan por aludidos. Hace dos meses, durante una jornada empresarial sobre nuevas tendencias celebrada en Palma, el asesor Alfons Cornella les alertó del creciente intercambio de casas para pasar las vacaciones. "Potenciado por internet, el fenómeno sube como la espuma", argumentó el fundador de Infonomia. Al escuchar sus palabras, el auditorio puso cara de estupefacción y desdén. "Y no sólo se permutan los hogares, también los jardines para plantar la tienda de campaña", abundó mientras los hoteleros soltaban una risita por lo bajini.
A diferencia de María del Mar y Jaume, Teresa Ordinas sí ha testado las virtudes del trueque. Hace dos años se apuntó a la agencia Intervac –una de las más antiguas del mundo cuya inscripción ronda los 145 euros anuales– y desde entonces ya ha volado a Noruega, Barcelona y Bilbao. En el país nórdico se hospedó en Ulefoss, localidad de unos 3.000 habitantes al sur de Oslo. La villa, construida en madera junto a un lago, de dos plantas y con una chimenea acogedora, pertenece al responsable regional de la Cruz Roja, Gisle Kavli. Teresa se trasladó hasta allí con su amiga Lourdes y dos compañeras más. "Fue un sueño", rememora Lourdes. "Gisle nos vino a buscar en coche al aeropuerto de Oslo. Él se fue a casa de un amigo a dormir y al día siguiente se marchó con su hija y una amiga de ésta al piso de Teresa en Palma", detalla Lourdes.
Los intercambios no siempre responden a motivos vacacionales. También se apalabran estancias cortas por razones laborales. "Durante una reunión de editores en Bilbao nos alojamos en la vivienda de unos recién casados que se iban tres días a Mallorca. El piso estaba impecable y céntrico. Cuando volví a la isla me convidaron a cenar. Son encantadores y seguimos en contacto por e-mail", relata Teresa.
Pero, ¿qué ocurre cuando vuelves y la casa no está como la habías dejado? "Nunca me ha sucedido", afirma . "Tengo más confianza en estas personas que en muchos de mis amigos a los que no cedería la casa", sentencia Teresa.
La palabra clave es confianza. "Después de 25 años trabajando en la agencia Intervac no he conocido ningún caso de vandalismo", asegura Dolores Jaén. A fin de evitar sorpresas intencionadas o involuntarias, la empresa insta a los socios a cerciorarse de que el seguro del hogar sigue siendo válido en su ausencia, igual que el del coche si el vehículo entra en el canje. La guía práctica de Intervac para un trueque "feliz" resume todas las recomendaciones en un solo mandamiento: "Deje la casa exactamente como la encontró. Coloque los libros en los mismos estantes y las tazas en los mismos armarios. Reponga los artículos usados". La agencia se reserva el derecho a expulsar a los que no cumplen.
A raíz de la buena experiencia de Teresa Ordinas, Lourdes también ha querido probar. "La gente me pregunta si temo que me toquen las cosas personales o me roben. ¿Qué se van a llevar? ¿La televisión? Claro que no. La gente que tiene confianza no es ingenua, sino respetuosa con el entorno íntimo. Y así es como te comportas", explica Lourdes. Lo que sí puede ocurrir es que el concepto de limpieza varíe según la procedencia. Dolores Jaén, de Intervac, se niega a mencionar la nacionalidad de los más desordenados. "Puede ocurrir, aunque no es lo habitual ni mucho menos, que encuentres en la vivienda del otro un pijama encima de una silla y un par de tazas del desayuno sin limpiar", matiza. Después de insistir, Jaén confiesa los países con ciudadanos pulcros: Suiza, Estados Unidos, Holanda, Bélgica, Alemania e Italia.

No son pobres

Aunque la crisis ha potenciado esta modalidad vacacional, el perfil del ´intercambiador´ no responde al del joven con pocos euros en el bolsillo. "Suelen desempeñar una profesional liberal y pertenecen a la clase media o media-alta", concreta la empleada de Intervac. Un artículo de la revista Time sostiene que la mayoría de estadounidenses que practica el house swapping es hombre de negocios, doctor o profesor. El 40% repite la experiencia y es fácil conseguir referencias de otras personas que ya lo han hecho. De los pocos problemas que ha visto en diez años el encargado de la empresa HomeLink, Karl Costabel, la mayoría es trivial. "Para evitar contrariedades lo mejor es guardar las cosas de valor o frágiles en un lugar seguro o en casa de un amigo", detalla Time.
Un ejemplo de cómo esta práctica se ha extendido entre todas las capas sociales lo representa el portal Exchangegolfershome.com, dirigido a los aficionados al golf. "¿Vives en una casa cerca de un club? ¿Sueñas con descubrir nuevos horizontes? Déjate tentar por estas vacaciones de bajo coste basadas en la confianza mutua y el respeto", reza la web. Los socios de Exchangegolfershome.com ofertan unos chalés de ensueño. Lo más probable es que ellos exijan en contrapartida alojamientos a la altura de los suyos. Por tanto, si aspiras a permutar tu apartamento sin ascensor con estos prohombres del golf, olvídate.
No obstante, las características del inmueble no siempre resultan tan determinantes. Un pisito en Mallorca disponible el mes de agosto puede satisfacer las pretensiones de un canadiense dueño de un loft en el centro de Toronto con ganas de fiesta y playa.
En España, los más proclives a ceder su hogar son vascos, catalanes y andaluces, mientras los castellanos hacen gala de su desconfianza y se muestran más reacios a franquear la entrada a desconocidos. En Mallorca la gente pierde poco a poco el miedo y juegan con ventaja. "Muchas personas de mediana edad y con la vida resuelta disponen de una segunda residencia para intercambiar. Para ellos nunca hay problema de fechas", explican desde Intervac. ¿Pero qué les empuja a hospedarse en casa de un desconocido? "Hay una razón económica evidente, pero también otros factores. Te permite vivir como si estuvieras en tu propia casa. En mi caso, los hoteles no me gustan porque me resultan impersonales. Pero hay algo más, conoces más de cerca el país que visitas", resume Lourdes.
A falta de estadísticas fiables sobre el impacto del intercambio, los datos del Instituto de Estudios Turísticos (Frontur) sobre movimientos en fronteras dan cierta idea de su relevancia. De todos los visitantes que llegaron a España hasta el mes de noviembre, 11,5 millones (un 23% del total) se alojaron en la vivienda propia, de un familiar o de un amigo. En el marco de un descenso generalizado de turistas, este tipo de hospedaje (-2,9%) resiste mejor el embate que el hotelero (-8,9%).
Otra partidaria del home swapping, Mercedes, diez años apuntada a HomeLink, ha trocado con ciudadanos de Bergen, Oslo y Amsterdam. La experiencia ha sido buena salvo en el caso de Holanda. "El piso era una birria, aunque contenía lo imprescindible y estaba limpio. El intercambio no era simultáneo y al final la chica que debía venir a Palma no pudo hacerlo", rememora. Las vacaciones en Noruega transcurrieron apaciblemente en urbanizaciones con casas de madera y jardín. "Te vas al súper y te evitas los restaurante prohibitivos", justifica Mercedes. Cuando elucubra sobre el próximo viaje, piensa en Egipto, "un lugar casi inalcanzable porque no habrá muchos socios y los que haya no querrán venir a pasar calor a Mallorca". Los forofos del intercambio, dice Lourdes, cuando planean sus vacaciones se colocan frente a un mapamundi. En esa carta del planeta no existen los hoteles, sólo casas de desconocidos con las llaves puestas en la cerradura.

info:http://www.diariodemallorca.es/mallorca/2010/01/17/tiemble-hotel-mola-casa-desconocido/537976.html

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